Nocturne

La hija del obispo

La hija del obispo Elohi

Decían que nací en la luz.

Bañada en profecías.

Criada entre escrituras, vestida de silencio,

instruida en que la santidad es una mujer que jamás siente hambre.

Pero nadie me advirtió de lo que se sentía

al ser tocada con intención.

Al ser mirada no solo como un cuerpo,

sino como un lugar.

Un lugar donde él quería profesar su fe.

Vino por la noche.

Sin estrépito,

solo una llamada en mi alma que no pude dejar de oír.

Su voz no era grave,

pero tenía peso.

Como un trueno vestido de seda.

Sus manos no pidieron permiso.

Descubrieron.

Como si yo fuera un texto antiguo

y él fuese el primer hombre con valor suficiente para leerme bien.

Me besó despacio.

Como si ya conociera el final,

pero quisiera paladear el principio.

Y cuando sus labios rozaron los míos,

no supieron a pecado.

Supieron a permiso.

—No debería desear esto —susurré.

Pero mis muslos respondieron primero.

Y cuando por fin se deslizó dentro,

sin dolor,

sin vergüenza,

solo calor

y un jadeo que no reconocí como mío,

lo comprendí.

Mintieron.

Dijeron que sentiría arrepentimiento.

Dijeron que quedaría arruinada.

Pero en ese momento,

con su aliento enredado en mi cuello,

mi cuerpo floreciendo a su alrededor,

no me sentí arruinada.

Me sentí real.

Me sentí hallada.

—Por favor, no pares —dije.

Porque él se movía como una oración.

Como si supiera dónde más profundo era el dolor.

Y cuando caí de rodillas,

con la boca abierta,

con el corazón abierto,

no fue algo sucio.

Fue devoción.

La noche nos observaba.

No nos juzgó.

Solo mantuvo nuestras sombras unidas.

Aún me llaman la hija del obispo.

Pero no saben qué soy ahora.

Ni arruinada.

Ni avergonzada.

Simplemente... reescrita.

Suscríbete a "Nocturne" para recibir actualizaciones directamente en tu correo
Elohi

Suscríbete a Elohi para reaccionar

Suscribirse
Suscríbete a Nocturne para recibir actualizaciones directamente en tu correo